the partheid
Abans veia sempre els Oscar. Ara ja no els veig perquè ja no crec. Perque no puc suportar la quantitat de pel • lícules oblidades que han guanyat. I no es que hagen guanyat, és que s’han passat la justícia poètica per la entreperna. S’han descojonat de mi felicitat. I jo això no l’ admitisc. No puc aguantar que Shakespeare Enamorat, innat globus de cel • lofana, li guanyarà a La Delgada Línia Roja, un dels versos més hermossos, profunds, extensos y llargs (sobre tot llargs, y a vore si dura 16 hores) que se hagen filmat sobre la guerra. Ningú recorda Shakespeare Enamorat. Ningú recorda Chicago. I no puc suportar que Chicago vencerà a Ganges of New York. Ningú recordarà Chicago, però Gangs of New York formarà part de la historia del cine encara que tinga que lograr - ho jo a soles, i so que a Scorsese se li va de les mans i li quedà contrafeta. Però hi ha més cine, més grandesa i més felicitat en un sol minut de Gangs of New York que en tot el metratge de Chicago. Un musical entretingut derrotant a una epopeia de mirada excelsa, on s’ha vist això. Lo estrany és fer un musical pesat, clar. Si el any passat llega a guanyar la acaramel•lada Brokeback Mountain me dóna algo. Doni gràcies a que va eixir Crash. La historia dels Oscar està plena de injustícies y pel•lícules oblidables. Gandhi, Carros de Foc, Amadeus... Totes excel•lents sí però... ¿les veríes un par de vegades per setmana? Jo vería un par de vegades per setmana Infiltrats y Unitat 93. Milió Dollar Baby, Místyc River, Annie Hall i Centaures del desert. Casablanca la vería fins tres o quatre vegades per setmana, segons com caigueren els dies lliures... Després de molt pensar sobre el cine, he arribat a la simplificació total: les mitjores pel•lícules són les que vería tres vegades per setmana sense immutar - me. I no me parlen de res més. A la merda la cinèfila. El apartament. El graduat. Vería ese tipus de coses. Cuatro, cinco veces por semana. El hombre tranquilo, casi todos los días. El tercer hombre... las que hiciera falta. ¿Cartas desde Iwo Jima? No, mire... déjeme descansar unos días. ¿Brokeback Mountain? Estoooo... me he dejado un grifo abierto. Más injusticias: Charlie Chaplin, Orson Welles, Stanley Kubrick o Alfred Hichtcock nunca ganaron el Oscar. Paso de consultar mi enciclopedia para ver quién se llevó los premios en los años en que estuvieron nominados. No es necesario. Sé de sobra que un segundo de Orson Welles en Sed de Mal basta para derrotar al 80% de la historia del cine, pero... Sólo por eso, le deberían haber entregado un Oscar con cualquier excusa. No uno de esos honoríficos, no. Uno a cualquier basura de película que hiciese. Si es que la hay, que no la encuentro.
Anexo: Respecto a Clint Eastwood y sus iwojimas, las he visto las dos. Desde luego le sale mucho mejor la japonesa, pero no sé si es que yo estoy algo reseco por dentro últimamente o qué pasa. Ninguna de las dos me ha convencido plenamente, aunque a su manera las dos son muy grandes porque explican lo que siempre me pareció más terrible de las guerras: que no hay razones íntimas para ir a la guerra. Que no hay héroes. Que no hay gloria. Esa simpleza supone la gran tragedia del hecho bélico, bien rescatada por el cine en los últimos 30 o 40 años, con ejemplos que menudean. Recomiendo leer Las cosas que llevaban los hombres que lucharon (Anagrama, 1993), una extraordinaria historia del soldado Tim O'Brien sobre la valentía y la cobardía, la equivocación de esos dos términos y las tragedias íntimas de los hombres que van a la batalla. Para mí, Cartas desde Iwo Jima se podría llamar Las cosas que escribieron los hombres que lucharon. Le recortaría el prólogo y parte del nudo, que se me empastan un poco, y mira que a mí es difícil que se me haga larga una película. Lo haría bajo la conciencia de esta contradicción que tal vez anula mi juicio: todas las escenas parecen necesarias, todas dan la impresión de contar una verdad ineludible. El guión defiende el lado más débil, menos fuerte, de una película grande como ésta. El tramo final me parece absolutamente formidable. Los dos protagonistas, el general Kuribayashi y Saigo, el recluta patoso, están magníficos.
Clint Eastwood tiene una mirada soberbia, distinta. Ya lo he dicho antes. El más grande de la actualidad en todos los órdenes. Pero por favor, que gane Scorsese. Por mi pequeña felicidad...

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